manofalsa se encuentra con Quintanilla por Ermenegildo (H) Coletti

Luego de entrevistarme con un diplomático ruso sobre asuntos comerciales de arte y  venta de armas de destrucción masiva,  conversaciones que luego pasaron a tener la mínima importancia, decidí continuar mi camino cansado por la avenida Salaverry. En el primer semáforo que cruza el imponente edificio del Ministerio de  trabajo (muy parecido a una mansión de mármol de la Rusia comunista), decidí internarme en el distrito de Lucho Hernández y actualizar datos en las redes sociales. Me dijeron que en la calle de en frente, la calle P……

En el siguiente rescoldo de soledad,  apareció una imponente casa verde ante mis ojos, un jardín de esculturas de bronce, 4 (Tawa en quechua, fue el número de las deidades andinas y de los suyos  antes del absurdo  cristianismo) monstruos, demonios de  bronce  se crispaban ante mis ojos, se exhibía una muestra de arte, sin duda, del más importante pintor y escultor cuzqueño: Alberto Quintanilla, la muestra se llamó “La sabiduría del ojo” ,fue auspiciada por la Universidad Privada de Computación e Informática (UPCI)

Caminaba extasiado entre  los demonios desbordantes de alegría sobre el lomo de España, entre dobles rostros- detalle que luego Quintanilla nos explicó como una interpretación  artística de la parálisis facial de un pariente cercano- entre caracoles de bronce, más cuernos y Tukuy rikuq.

Decidí, luego de mi panorámica,  preguntar por el “responsable” y si es que el maestro volvería a clausurar la muestra.

Una bella secretaria, comprometida con su trabajo, me condujo con atención y deferencia hacia la oficina del rector, don Héctor Vilca.

El rector  se animó, casi sin conocernos, a obsequiarnos el catálogo de la muestra al repasar algunas anécdotas sobre nuestra no revista y nuestra desmedida admiración por el pintor. El rector Vilca es ejecutivo, así que en el acto llamó desde su blackberry al mismísimo Quintanilla. Aló, cholo. La llamada fue breve y el rector se comprometió a entregarle 30 catálogos al pintor para llevarlos a París y Quintanilla dijo que llegaría en 10 minutos y así fue. El maestro llegó en un tico amarillo en el tiempo pactado. De una hora, del rescoldo de la soledad, a otra, ya nos encontrábamos en el hermoso hall, de la casona de la universidad en un contrapunto sobre las lenguas del norte y sur peruano entre el pintor, quien además es poeta y (ha publicado Tayanka (jeroglifo editores)) experto en quechua cuzqueño y lenguas altiplánicas, pues los Quintanilla como nos refirió, proceden del altiplano peruano;  el rector por el lado norte peruano, como buen descendiente de la tierra de los Marca Huamachuco (donde existen túneles de agua subterránea que hacen llegar la vida a  las cumbres, nos dijo el descendiente de los “cabeza de halcón”, por lo tanto puso a debate la historia de la lengua de sus ancestros, el culle.

-Yo de niño, he escuchado hablar culle.

Esta conversación terminó con mi compromiso personal de entregarle un léxico culle, promesa que cumpliré apenas vuelva a ver a mis viejos amigos lingüistas de San Marcos.

Y como debía prolongar mi tiempo con el artista nos fuimos de la Universidad -en otro tico amarillo- para la casa de Quintanilla, en el mismo distrito de Luchito Hernández.

QUINTANILLA

El  artista vive en un 10mo piso y desde su balcón se contempla una plaza renovada con los colores concha de vino de la bandera española, la ex o actual (no sé) residencia del embajador de usa cercada por repuchos en frente, la embajada de Israel en el edificio de la compañía de seguros “el pacífico”, la lúgubre avenida Arequipa y sus cousters, el centro cultural de España  quien seguro colaboró con la pintura para la placita de Natalio Sánchez, antes cercada y con nidos para aves…, dijo Quintanilla mientras me mostraba su balcón y su renovado departamento de Jesús María colmado de esculturas de animales mitológicos de bronce y esmeralda.

Me despedí de él.

La entrevista con manofalsa sería mañana, sábado a las 9.00 am.